viernes, 4 de diciembre de 2009

El escuadrón de la muerte y las consecuencias de la venganza


En los últimos días, la atención nacional se ha concentrado en nuestra ciudad. Desafortunadamente, es otra vez la delincuencia la que hace girar los ojos del país hacia Trujillo.

Un informe elaborado por Ricardo Uceda inició una cadena de artículos periodísticos que deslizan una conocida (y casi confirmada) tesis: en Trujillo opera un escuadrón de la muerte. Sus víctimas hacen un número de 56.

Según las conclusiones de la investigación de Uceda, este escuadrón opera con el apoyo económico de algunos empresarios locales, el consentimiento político, y la dirección policial. Además, de la tácita aprobación de un importante sector de la población.

Frente al entusiasmo que este modus operandi despierta, es necesario advertir los daños colaterales, y no deseados, de este, aparentemente, bien elaborado plan. No es nuestra intención hacer un análisis deontológico. Si en cambio, observar, desde otra perspectiva, las consecuencias del accionar de este grupo mortal. Si existiera.

La estrategia de la eliminación como estrategia de reducción de la criminalidad no es, en modo alguno, novedosa. Ni siquiera reciente.

La desaparición forzada a manos de efectivos del orden terminará, tarde o temprano, generando una respuesta violenta de parte del bando afectado. La desaparición de actores delictivos de mayor edad, aceleraría la aparición de adolescentes (criminales) en busca de venganza. Dando inicio a una guerra sin cuartel donde no puede haber ganadores.

Tal vez, usted, apreciado lector, pensará que ver al hampa enfrentándose abiertamente al cuerpo policial es una idea afiebrada. Ojalá usted tuviera razón. Una ligera observación del panorama latinoamericano acabaría convenciéndolo.

En ciudades como San Pedro de Sula, Tegucigalpa o Bogotá han operado, según algunas versiones, dichos escuadrones de la muerte. El resultado, un tiempo después, fue el recrudecimiento de la inseguridad, precisamente como respuesta, no esperada, de quienes quebrantan la ley.

No pretendo hacer una defensa de quienes han hecho del delito su bandera. No hay nada más condenable que quienes cubren nuestra vida con las sombras del hampa. Nadie más que ellos merecen un castigo. Pero, el crimen como respuesta al crimen es un absurdo. Generará, tarde o temprano, un aumento no deseado del terror. Además de ser la excusa perfecta para que el narcotráfico pueda crear pequeños ejércitos privados de ajuste de cuentas.

La lógica del mal necesario es muy peligrosa. Bajo la misma, en los noventas, en Brasil, los escuadrones de la muerte cercaban e ingresaban a las favelas y asesinaban a todos sus miembros. Los asesinados en estas masacres eran: alcohólicos, meretrices, vagabundos y niños. Niños que serían, según los defensores de esta política, los futuros criminales del coloso Sudamericano. Por esos mismos años, en grandes manifestaciones, se podía visualizar carteles con frases como: ¡Brasil no nos asesines, somos tus hijos! ¡Brasil danos una oportunidad! ¡Brasil déjanos vivir!

Julio Corcuera Portugal

jueves, 26 de noviembre de 2009

Espiando el armamentismo chileno


La denuncia pública de un espía chileno ha estremecido la relación con nuestro vecino del sur. De los diversos puntos en la agenda bilateral, dos vienen siendo revisados con más detalle: el armamentismo chileno y el TLC con el vecino país.
Uno de las principales preocupaciones de las relaciones internacionales es la seguridad internacional. Esta garantiza la continuidad del estado - nación. Precisamente, la formación de un estado y su identidad histórica determinan las características de sus posteriores políticas de seguridad.
Un estado que se forma, o se expande, a través de la conquista militar está condenado cuando no a ser un país militarizado; a ser militarmente superior a los estados previamente vencidos. Aunque eso signifique tenga que superar la fuerza militar de sus estados vecinos. Así tenemos casos como Esparta en la antigüedad o Israel en el mundo contemporáneo.
La historia de Chile encaja en esta tesis. Después de la guerra del Pacífico, Chile ha tenido que ver con desconfianza a los perdedores de la contienda. Argentina no ha sido más cordial que estos. Así, resultado de sus incursiones militares, Chile se ha visto rodeada por un ambiente hostil.
A poco de cumplirse cien años de la guerra, la superioridad militar estaba a favor del Perú. En ese periodo, una coalición militar entre Argentina, Bolivia y Perú habría sido catastrófica para Chile. Los territorios perdidos podrían haber sido recuperados y la afrenta histórica saldada. No sin dejar destrucción, muerte y dolor entre civiles y militares, por supuesto. ¿Es esta una tesis exagerada? No. El último sábado, Basilio Lami antiguo general de la Junta de gobierno Argentina narró lo que la Junta planeaba hacer: “después de Malvinas, iban a atacar a Chile”.
Con la llegada al poder de Pinochet, se decidió poner punto final a este problema. Desde entonces, el 10% del cobre chileno va a parar a las compras de armas.
Después de dos décadas, la transición a la democracia en Chile, impuso, desde las fuerzas armadas el mismo porcentaje. Para algunos analistas, estas medidas no dependen del poder civil, que en temas de seguridad (y otros) es un rehén en su propio palacio.
El altísimo gasto militar chileno entonces tendría dos funciones: disuadir una posible coalición anti chilena y, como decía Huntington, darle juguetes a las fuerzas armadas para que no interfieran en el poder civil.
El manejo político que el gobierno peruano ha hecho del espionaje ha puesto a la Moneda en apuros. El ex canciller chileno, Ignacio Walker, ha dicho que este anunció es parte de un cálculo político. Y tal vez no le falta razón. Aunque no hay dudas de que el Perú fue espiado, es una interesante coincidencia, para los intereses peruanos, que el anuncio coincida con la reunión de APEC, a la cual asistieron los presidentes de las potencias del Asia Pacífico, y el pedido de compra por 665 millones de dólares que hizo el gobierno chileno al Pentágono.

Julio Corcuera Portugal

viernes, 13 de noviembre de 2009

La delincuencia y la admiración del mal

Los últimos días, todos los medios de comunicación del país le han brindado cobertura a más de un sonado crimen. El aumento de la criminalidad es alarmante, en especial en nuestra ciudad, históricamente tan pacífica y acogedora.

Una justificación común a este problema es suponer que la falta de oportunidades empuja a los perjudicados a la deshonestidad. Nada más falso. Si existiera una correlación directa entre desempleo y delincuencia, el boom económico de Trujillo habría disminuido el problema. Las necesidades materiales no satisfechas como justificación son una farsa. Aunque nadie duda que una distribución más equitativa de la oportunidad sea necesaria.

¿Acaso los delincuentes usan el dinero obtenido por medios ilícitos en generar las oportunidades que espontáneamente no tienen? ¿Acaso ellos usan el botín obtenido en la educación de sus hijos o en obtener un mejor medio de vida? ¿No será que acaso este dinero mal habido es gastado en alcohol, drogas y mujeres de dudosa reputación?

El problema es más complejo que la adecuada investigación y detención de quienes quebrantan la ley. Incluso si se logrará la detención de todos ellos, no tendríamos suficientes centros penitenciarios para alojarlos. Y de ser así, nada garantizaría que, al salir de ahí, se reincorpore a nuestra sociedad una persona regenerada. Por el contrario, es más probable que, a más de un mal elemento, la prisión le sirva de entrenamiento.

Lo que parece pasar desapercibido (o trata de ser –consciente o inconsciente- ocultado) en la discusión es que, en algunos sectores de nuestra sociedad, algunos delincuentes son vistos con admiración y sus fechorías contadas como hazañas. Mientras en un sector de la sociedad, los criminales sean admirados, siempre habrá jóvenes confundidos que quieran emularlos.

Esta alteración de valores pone en riesgo nuestra vida en comunidad. Esta retorcida percepción es un aliciente para quienes dan sus primeros pasos en el hampa. Aquello que el sentido común considera nocivo es para ellos el medio de obtener dinero, fama y reconocimiento.

De no atacar y vencer este mal, en no mucho tiempo nuestro país se parecerá a algunos países donde la autoridad se ha perdido por completo.

El caso de América Central puede ser ilustrativo. Las maras han generado una situación tan incontrolable que no es inusual que un grupo de mareros tome por asalto una unidad de transporte público en pleno centro de la ciudad. De encontrar resistencia, adolescentes de entre 14 y 18 años, inician a una balacera digna del salvaje oeste. El orgullo de sus líderes se mide entonces por la dimensión del terror producido.

El problema no es, solamente, jurídico. Aunque nadie niega que sea necesaria una administración de justicia más eficiente, no basta un cambio legislativo para acabar con el problema. Suponerlo es creer que la realidad puede transformarse por decreto. En Honduras, por citar un ejemplo, la responsabilidad penal ha disminuido de los 18 a los 14 años de edad y nada ha mejorado.

Julio Corcuera Portugal

viernes, 6 de noviembre de 2009

Berlín veinte años después: la caída del muro y el fin de una ilusión


El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín después de 28 años de división y represión. La caída del muro tiene más de un significado: la derrota del comunismo, el fin de la guerra fría, el mundo unipolar, y el ascenso del capitalismo y la democracia liberal.

La promesa capitalista fue alentada por diversos intelectuales que anunciaron desde el neoliberalismo como única doctrina económica hasta el fin de la historia. El capitalismo traería más libertad, mayores y mejores condiciones de vida. Y sobre todo, era la ilusión de poder optar por un mundo mejor. ¡Nada más falso!

No tardó en llegar el neoliberalismo a los países del tercer mundo, pero no de la mano de la democracia liberal propuesta, sino que se propagó esa unión contra natura de liberalismo económico y dictadura. Ya años atrás, Milton Friedman, en Chile, glorificó esta unión espuria, con lo que el modelo pinochetista fue la primera franquicia del mundo unipolar.

El culto al mercado era impuesto a través de la dictadura o de las recetas de los organismos económicos internacionales. Aquellos que mejor aplicaban la lección serían los que verían sus economías desarrollarse. Así la lógica de la competitividad se implantó en las economías del mundo.

Menores costos de producción atraerían mayor inversión, más puestos de trabajo, mayor consumo y el respectivo crecimiento económico que por efecto de la mano invisible generaría un chorreo con el que todos serían beneficiados. Pero, ¿Cuáles son los menores costos de producción que alimentan esta lógica? Menos costos significa: menores impuestos a las empresas, reducción de barreras a la inversión, reducción del salario real de los trabajadores y la reducción de los derechos laborales. Es decir, la pauperización de la clase trabajadora.

Esta carrera por la competitividad dio como resultado una lucha entre países por tener los trabajadores más baratos de la economía mundial. China ha sido el paradigma económico mundial, con trabajadores que ganan entre $50 y $150 mensuales, actualmente superada por Vietnam que hace unos meses presentó un salario mensual de $40. No es de sorprender que, en pos de hacer a nuestro país más competitivo, un ex Premier (ahora precandidato a la presidencia), propusiera alguna vez para nuestro país, una jornada laboral de 14 horas con 15 días de vacaciones anuales.

Veinte años después de la caída del muro, la revista liberal británica The Economist ha realizado una encuesta a los países que salieron del comunismo (incluida Alemania Oriental) y se acogieron al nuevo modelo. El informe dice: “En una encuesta en nueve países en 1991 una gran mayoría de ciudadanos aprobó el nuevo sistema… pero una nueva encuesta muestra que el apoyo ha caído drásticamente. En todos los países, pocos aprueban el cambio al libre mercado. La creencia que el cambio ha beneficiado a los negocios y la política de la élite se ha expandido”. Cualquier parecido con nuestra realidad nacional es solo una globalizada coincidencia.

Julio Corcuera Portugal