El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín después de 28 años de división y represión. La caída del muro tiene más de un significado: la derrota del comunismo, el fin de la guerra fría, el mundo unipolar, y el ascenso del capitalismo y la democracia liberal.
La promesa capitalista fue alentada por diversos intelectuales que anunciaron desde el neoliberalismo como única doctrina económica hasta el fin de la historia. El capitalismo traería más libertad, mayores y mejores condiciones de vida. Y sobre todo, era la ilusión de poder optar por un mundo mejor. ¡Nada más falso!
No tardó en llegar el neoliberalismo a los países del tercer mundo, pero no de la mano de la democracia liberal propuesta, sino que se propagó esa unión contra natura de liberalismo económico y dictadura. Ya años atrás, Milton Friedman, en Chile, glorificó esta unión espuria, con lo que el modelo pinochetista fue la primera franquicia del mundo unipolar.
El culto al mercado era impuesto a través de la dictadura o de las recetas de los organismos económicos internacionales. Aquellos que mejor aplicaban la lección serían los que verían sus economías desarrollarse. Así la lógica de la competitividad se implantó en las economías del mundo.
Menores costos de producción atraerían mayor inversión, más puestos de trabajo, mayor consumo y el respectivo crecimiento económico que por efecto de la mano invisible generaría un chorreo con el que todos serían beneficiados. Pero, ¿Cuáles son los menores costos de producción que alimentan esta lógica? Menos costos significa: menores impuestos a las empresas, reducción de barreras a la inversión, reducción del salario real de los trabajadores y la reducción de los derechos laborales. Es decir, la pauperización de la clase trabajadora.
Esta carrera por la competitividad dio como resultado una lucha entre países por tener los trabajadores más baratos de la economía mundial. China ha sido el paradigma económico mundial, con trabajadores que ganan entre $50 y $150 mensuales, actualmente superada por Vietnam que hace unos meses presentó un salario mensual de $40. No es de sorprender que, en pos de hacer a nuestro país más competitivo, un ex Premier (ahora precandidato a la presidencia), propusiera alguna vez para nuestro país, una jornada laboral de 14 horas con 15 días de vacaciones anuales.
Veinte años después de la caída del muro, la revista liberal británica The Economist ha realizado una encuesta a los países que salieron del comunismo (incluida Alemania Oriental) y se acogieron al nuevo modelo. El informe dice: “En una encuesta en nueve países en 1991 una gran mayoría de ciudadanos aprobó el nuevo sistema… pero una nueva encuesta muestra que el apoyo ha caído drásticamente. En todos los países, pocos aprueban el cambio al libre mercado. La creencia que el cambio ha beneficiado a los negocios y la política de la élite se ha expandido”. Cualquier parecido con nuestra realidad nacional es solo una globalizada coincidencia.
Julio Corcuera Portugal

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