martes, 13 de octubre de 2009

De la diferencia entre economía y política según Aristóteles: Una respuesta liberal



El proceso enseñanza aprendizaje nos brinda la oportunidad de ensayar nuevas respuestas a viejas preguntas y, en el mejor de los casos, contemplar de forma novedosa, el movimiento de conocimientos que parecían pétreos.

El siguiente artículo, es pues, la respuesta de un profesor que intenta, del modo más democrático posible, discutir ideas -dentro y fuera del salón- con la ilusión de que su esfuerzo sirva, no para acabar un debate, sino para iniciarlo. Esa es, finalmente, la razón de ser de la Universidad.

Desde hace algunos años atrás, ha parecido muy clara la diferencia entre economía y política. Tal división permitió generar especialistas en cada área antes mencionada, quienes, por supuesto, han tenido claramente delimitado su campo de estudio. Pero a quién le debemos la división de estas dos, diferentes pero relacionadas, áreas de estudio.

La tradición liberal no ha dudado ni un solo instante en darle la paternidad de la “ciencia” económica al inglés Adam Smith. Sin embargo, la tradición soviética ha planteado, de un poco sutil, esta división al filósofo antiguo Aristóteles.

La bibliografía soviética, representada en estas líneas por los argumentos expuestos por el economista Karataev son, además del insulto y la diatriba, conclusiones obtenidas de una lectura vinculada a una postura ideológica del tema en cuestión.

Se me objetará que en ciencias sociales, el análisis académicamente puro no existe: aceptamos la objeción. Pues, entonces, permítaseme hacer un análisis liberal de la diferencia ya expuesta.

Karateav, en un texto muy ágil y bien documentado, hace una serie de precisiones sumamente propagandísticas. Este ha sido, dicho sea de paso, la característica principal de los libros editados en la URSS. Así de la apreciación de tan solo su índice se puede apreciar frases como: economía burguesa vulgar, entre otras.

El autor soviético afirma que: “Aristóteles enuncia la idea de que los principios en que se basa la economía son otros: a diferencia de la economía cuya misión es estudiar la organización estatal, la economía debe ocuparse de la administración de la hacienda del esclavista”. Sin embargo, esta cita pertenece a Karataev y no al Estagirita, por tanto es una deducción, cuya fuente es el libro “La Política”. Una deducción es una interpretación personal de las opiniones de un determinado autor, acontecimiento o idea. Dado ese margen de libertad, una opinión puede ser contrastada con otra. Y eso haremos.

Resulta curioso que - a opinión de algunos profesores - quien, precisamente, hace la división de la economía y política lo haga dentro de un libro que tiene un pomposo nombre que no sugiere división alguna: “La Política”. No sería lógico pensar que si Aristóteles tenía claras cuales son las leyes que operan los agentes económicos y cuales son las leyes que operan en el mercado, estas habrían sido enunciadas por una autor tan prolífico. O es que acaso, alguien se atrevería a pensar que el padre de la lógica, biología y psicología, no se interesó en dar a conocer un aporte tan trascendental.

Se objetará que la denominación de un libro es lo menos importante, si el contenido supera los límites de su título. Aún así, al contemplar el contenido de La Política, encontramos que esta dividida en ocho libros, de los cuales solo el libro primero denominado “Del Estado y sus bases” en su capítulo III analiza la división de estas dos áreas del conocimiento. Dicho sea de paso, sin mencionarlo directamente, como quisiera Karateav y varios profesores comunistas.

Si hay en cambio, en ese único capítulo de este libro denominado “de la adquisición de los bienes” una clara alusión a la crematística, la que diferencia de la política: “la primera cuestión que debemos resolver, es si la ciencia de adquirir es la misma que la ciencia doméstica, o si es una rama de ella o sólo (sic) una ciencia auxiliar…la adquisición de los bienes no se confunde con la administración doméstica, puesto que una emplea la que otra suministra”.

Sin embargo, la respuesta que intentamos dar no depende de si dividió o no economía y política, sino de qué definimos como “economía”.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define en su primera acepción el vocablo economía de la siguiente forma: “Administración eficaz y razonable de los bienes”, esta definición, opinamos, se inserta en la tradición aristotélica; mientras que la misma RAE en su tercera acepción expresa: “Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos”.

Como podemos apreciar la segunda definición es bastante más elaborada y es más próxima a lo que hoy entendemos como economía.

Es necesario precisar que, tanto liberalismo como marxismo parten de definiciones antagónicas de economía. Y al respecto, dada nuestra cercanía ideológica a la primera ideología, nos alejamos plenamente de la premisa que afirma que la independencia de la economía se deba al gran filósofo griego. Reconocemos, por supuesto, su gran aporte a la teoría del valor y el magnífico estudio político realizado en el libro líneas arriba citado. Tal vez la confusión se deba a que no fue el mismo Smith, ni los clásicos los que hicieron la revolución terminológica, sino los neoclásicos.

De modo que en contra de la tesis de Santo Tomás que dice: “Si existe una pregunta, esta no puede tener dos respuestas. De haber dos respuestas, una de ellas sería falsa y la otra la correcta. Por tanto la doctrina de la doble verdad es inconsistente”. Nosotros creemos que dos posturas ideológicas y dos contextos diferentes pueden generar este doble camino de verdad.

Y recusamos, firmemente, a quienes presenten sus tesis como únicas y verdaderas. Más condenable aún si para ello entremezclan – mal intencionadamente- castigo y argumento, diálogo y mala calificación, autoridad y razón. Escolásticos del siglo XXI, doctos de la obediencia, represores del conocimiento, inquisidores de la imaginación. Mientras existan docentes que consideren un delito que el alumno sepa más que el profesor, la actividad académica estará incompleta: no merecen su cátedra.

Y tal vez, y solo un tal vez, este pequeño debate sea efímero en un tiempo en donde, precisamente, la división de economía y política agoniza ante la irrupción de una novísima y fortísima área del conocimiento: la Economía Política Internacional. Y si la universidad no esta para discusiones académicas: ¿Para qué esta?

Julio Corcuera Portugal

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